13 Jun

Sucesión y ¿democracia?

Cameron (izq.)  y Juncker

¿Os imagináis que alguien – da igual quien, pero por poner, digamos el PP de Rajoy - gana las elecciones, pero incluso antes de que se constituya el nuevo Parlamento, alguien – yo que sé, el rey, o los presidentes de las CCAA – deciden que no tiene que gobernar Rajoy, sino alguien que ni se haya presentado a las elecciones?

Por otra parte, ¿os imagináis a los líderes de los partidos de izquierda defendiendo que presida un líder conservador?

Pues eso es prácticamente lo que está pasando en Europa.

Déficit histórico

El déficit democrático de la UE es uno de sus principales defectos – existe una separación, o al menos percepción de separación, entre las instituciones europeas y la cuidadanía. Las razones son muchas  y variadas, pero sin duda son importantes la ausencia y falta de rigor sobre el ámbito europeo en los medios de comunicación mayoritarios (en los titulares, “Bruselas” puede significar casi una decena de cosas diferentes) y el hecho de que en la mayoría de los casos, son los Estados Miembros los que gestionan los fondos y la implementación de la legislación euroea.

Un aspecto importante de ese déficit democrático es que, al contrario que en un estado occidental “convencional”, en la UE el “gobierno” (la Comisión Europea) no venía elegida por la ciudadanía, sino que eran los gobiernos de los Estados Miembros que por “consenso” nominaban a alguien. De hecho, entre la prensa euroescéptica británica, una de las principales maneras (peyorativas) de referirse a la Comisión era “esos burócratas no-electos en Bruselas”.

Esta vez iba a ser diferente

Tras duras negociaciones, con la entrada en vigor del Tratado de Lisboa se introdujo la idea de que esa elección debía depender del resultado de las elecciones europeas. Se dejaba la decisión en manos de los gobiernos, pero la decisión final la pasa a tomar el Parlamento, en base a la nominación por parte de los gobiernos. De un Presidente/a Europe@ por elección directa de toda la ciudadanía europea, ni hablar… La ironía: ¿los principales enemigos de dar este paso hacia más democracia? Los más euroescépticos. Porque al legitimar las instituciones europeas democráticamente, reconocen, se refuerza su autoridad.

Sin embargo el cambio salió adelante, y el modelo no dista de cómo se elige al Presidente del Gobierno en España o sus CCAA, o al primer ministro en Reino Unido – según mayorías parlamentarias.

Los principales partidos europeos propusieron/propusimos candidaturas a liderar la Comisión Europea. Juncker por los populares, Schulz por los socialdemócratas, Verhovstad por los liberales, Keller (la única mujer, y única elegida por primarias abiertas) por los verdes, y Tsipras por la izquierda unitaria.0,,17639940_303,00

Se hicieron debates televisados entre las candidaturas (aunque con escasa repercusión en los medios – de presencia en las cadenas de televisión principales, ni hablar, salvo por el caso de TV3…), y los cabezas de lista a nivel europeo tomaron cierta relevancia en las campañas en los distintos países (por ejemplo presencia de Keller, Schulz y Tsipras en la campaña española).

Hubo bastante variación en cómo se planteaban las elecciones en los diferentes países europeos, y diferente incidencia en los medios. Este análisis del Washington Post da algunas pistas sobre lar relación entre la presencia de las candidaturas en la prensa en diferentes países y el grado de conocimiento de éstas por parte de la ciudadanía. En España, desde EQUO e IU se hacía referencia frecuente a Ska Keller y Alexis Tsipras respectivamente a la hora de explicar nuestros proyectos europeos, mientras que en Reino Unido, por ejemplo, apenas hubo referencias al tema presidencial. De hecho, los conservadores británicos no forman parte del Partido Popular Europeo, sino de ECR (conservadores y reformistas europeos), que no propuso candidatura propia.

En el primer debate entre l@s candidat@s se planteó la pregunta: ¿Qué pasa si después de todo esto, los gobiernos optan por una persona que ni se haya presentado a estas elecciones? La respuesta fue bastante unánime: sería una tomadura de pelo a la ciudadanía, y un insulto al avance de la democracia en Europa.

Tras las elecciones

El domingo 25 de mayo se desvelaron los resultados de las elecciones celebradas en los 28 Estados Miembros los días anteriores. El Partido Popular Europeo resultó ganador con el mayor número de escaños, y el equilibrio de fuerzas en la eurocámara parecía inclinarse hacia el lado conservador.

EP

Resultado provisional de las elecciones europeas de 2014

Por tanto, respetando las reglas del juego, correspondía al candidato “Popular” Juncker empezar a buscar las mayorías para convertirse en Presidente de la Comisión Europea. Sin embargo, pronto surgieron voces cuestionando su candidatura. Incluso se dijo que la propia Merkel apoyaría una candidatura distinta, aunque la critica más visible fue la del premier británico David Cameron, que ha dedicado varias semanas a hacer campaña contra la candidatura de Juncker.

Alega que el Parlamento ha interpretado el Tratado de Lisboa a su manera, que las cosas deberían seguir haciéndose por negociaciones entre los gobiernos y que la “imposición” de que la Comisión la tenga que presidir quien ganó las elecciones es un intento del Parlamento de “tomar el poder por la puerta de atrás”, y que ello “politizaría a Comisión Europea”.  ¡Pero es que de eso se trata! De tener un ejecutivo europeo democrático y controlado por el parlamento, y no un ente tecnocrático al servicio de los gobiernos.

Las críticas de Cameron suponen una ironía brillante, siendo él uno de los principales críticos contra la “falta de transparencia y democracia en la UE”. Irónico también cuando el propio parlamento británico adquirió sus competencias precisamente a base de este tipo de “toma de poder”, sin esperar a que monarcas o lords tuvieran la iniciativa de “cedérselo”.

Cameron (izq.)  y Juncker

Cameron (izq.) y Juncker (der.)

Otro argumento es que nadie en Reino Unido votó por Juncker, que no hay ningún eurodiputado británico en el Partido Popular Europeo. Una crítica extraña cuando él no duda de su legitimidad como primer ministro en Reino Unido, por ejemplo, aunque en uno de los países que conforman el estado (Irlanda del Norte) los conservadores no tengan diputado alguno.

(Este artículo en el blog La Troika no paga a traidores, de Antonio G Díez, comenta un poco más la situación en la que se encuentra Cameron)

La nominación del candidato a presidir la Comisión Europea necesita una mayoría cualificada de gobiernos de los Estados Miembros, y está por confirmar si finalmente Cameron conseguirá los apoyos para bloquear la candidatura de Juncker. Y es que aunque Merkel finalmente apoye a Juncker, los propios gobiernos del Partido Popular se muestran tibios en su apoyo. Está claro que no tenemos asumido el ámbito europeo.

Por tanto, como se planteaba al principio del artículo, podría darse el caso de que el siguiente Presidente de la Comisión Europea fuera alguien que ni se haya presentado a las elecciones que se celebraron, de algún modo, para elegir ese cargo.

La paradoja

Estas semanas se han visto noticias del tipo “Alexis Tsipras apoya a Juncker“, “Cohn-Bendit pide a los verdes que apoyen a Juncker” y parecido con “Valenciano podría apoyar a Juncker” (aunque por parte de los socialistas, tal vez sorprenda menos, dados los constantes avisos sobre una “Gran Coalición”).

Claro que resulta paradójico que partidos más o menos progresistas apoyen de algún modo al candidato conservador, y uno de los arquitectos de la política de austeridad que ha seguido la UE en los últimos años. Pero es que aquí nos enfrentamos a un problema más amplio que quién debe gobernar, y ese quién decide quién debe gobernar. Porque antes que verdes, socialistas o poscomunistas somos demócratas - al menos, por ahora, todas estas opciones reconocen el concepto de un Parlamento representativo (aunque algunos creemos que hay que trabajar para que sean abiertos y participativos), unas elecciones libres por sufragio universal y los resultados de esas elecciones.

Si a mí me pesa muchísimo que las elecciones europeas las haya ganado la derecha, que el partido más votado sea el Popular, y que entre verdes, izquierda unitaria y socialdemócratas no hayamos conseguido una mayoría que permita dar un volantazo en Europa. Pero no puedo dejar de reconocer quién sí ha ganado las elecciones, o que el más legitimado para presentarse ante el Parlamento para ser elegido Presidente de la Comisión ahora mismo no es otro que Jean-Claude Juncker.

Por supuesto que no pido a mis representantes en la eurocámara que voten a favor de su investidura – que para eso tiene él sus mayorías -, ni lo haría yo en caso de estar ahí. Pero es que el debate ahora mismo ni siquiera es si votamos a favor o en contra de la investidura de Juncker. El debate es si aceptamos que la UE tiene que abrirse más a la participación ciudadana y trabajarse desde el propio “ámbito europeo” o si permitimos a los gobiernos seguir con su “28 contra 28″, un intento de sumar 28 intereses particulares que nunca sumarán al bien común de toda la ciudadanía europea.

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(CC) Joan Groizard Payeras