13 Mar

TTIP – Historia de un secuestro en tiempo real

Infografía de los Jóvenes Verdes franceses en colaboración con la FYEG

Infografía de los Jóvenes Verdes franceses en colaboración con la FYEG

La semana pasada, coincidiendo también con el encuentro de candidat@s jóvenes de la FYEG, la Fundación Verde Europea organizó un seminario cuyo título traducido sería algo como “Defendiendo/Explicando una Europa Verde”. Durante tres días, candidatos y candidatas en las listas verdes de los diferentes países europeos aprendimos, de la mano de eurodiputadxs, asesorxs y asistentxs parlamentarixs, en qué se ha concentrado el trabajo del Grupo Verdes/ALE en el Parlamento Europeo, las principales batallas y éxitos, y los retos que quedan por delante. Tocará un resumen más general en otros posts, pero aquí quiero concentrarme en un tema que salió en cada taller y cada conversación: el TTIP, o cómo estamos asistiendo al secuestro de la Unión Europea.

“Libre comercio”

La Alianza Transatlántica por el Comercio y la Inversión por sus siglas en inglés – tiene un nombre muy elegante. “Títip” lo pronuncian en inglés, “Tafta” en su versión francesa. La idea general es crear un espacio de libre comercio entre la Unión Europea y Estados Unidos (y posiblemente Canadá).

“Bueno bien, comerciar, inversión… eso es bueno, ¿no?”.
Una de las grandes fuerzas de la Unión Europea es la combinación de su potencia como mercado y su normativa en materia de protección: protección ambiental, protección al consumidor, protección de derechos laborales… Sí, la UE está lejos de ser una utopia de igualdad y libertad, pero a nivel global es líder en cuanto a normativa en muchos ámbitos. En parte, esto es gracias a la cooperación entre Estados Miembros para evitar (bueno, reducir) el “dumping”, o una “carrera hasta el fondo”. Por ejemplo, si acordamos unos niveles mínimos de protección laboral o ambiental entre los 28 Estados Miembros, las empresas no pueden “huir” a un país vecino para evitarlos. Además, al haber unos estándares comunes, una empresa en uno de los países miembros puede participar en (casi) igualdad de condiciones con otras empresas de otros países en el resto de la Unión.

EEUU… ¿nuevo miembro de la UE?

Muy teóricamente, y con muy buena voluntad política, EEUU (y todo su tejido empresarial) podría acceder a la Unión Europa como cualquier otro país: cumpliendo una serie de criterios mínimos en economía, democracia, derechos humanos, protección ambiental, y así hasta cerca de una veintena de “capítulos”. Esto supondría una convergencia del país en cuestión (EEUU en este caso teórico) con la legislación vigente hasta el momento en la UE. Hasta ahí todo bien. Al fin y al cabo, la gracia de poder participar en igualdad de condiciones en el “mercado común” se basa en tener unos mínimos comunes.

El problema es que el TTIP intenta esquivar estas condiciones. Pretende abrir un espacio de comercio común y por tanto un reconocimiento mutuo de los estándares y niveles mínimos. Es decir, que una empresa que cumpla todos los estándares y requisitos para vender en la UE pueda hacerlo en EEUU (bueno, guay)… pero también que una que cumpla todos los estándares y requisitos de EEUU pueda hacerlo en la UE. Y es que, sin querer pasarme de eurocéntrico, los requisitos sobre las empresas a un lado y otro del “charco” no son simplemente diferentes pero equivalentes: en Europa prima mucho más el concepto de “protección” de los derechos y la ciudadanía, y supongo que en EEUU el valor de la “libertad” tiene una mayor prioridad.

Por tanto, la entrada en vigor del TTIP supondría una rebaja en el nivel de legislación europea en cantidad de ámbitos. Por traducir algunos ejemplos de la infografía que hay enlazada al principio del artículo, se podrían dar casos como obligar a Francia a retirar la prohibición del “fracking”, permitir la venta de alimentos transgénicos sin etiquetarlos como tal, o que escuelas, universidades, hospitales privadas puedan competir en territorio europeo con la normativa estadounidense y denunciar a los sistemas públicos de los países europeos por su situación de “monopolio”.

También falla el “como”

El problema con el TTIP no es solo el fondo en sí – una convergencia “a la baja” – sino el cómo. Los documentos de negociación entre la UE y EEUU son secretos – no son accesibles para periodistas, y ni siquiera para eurodiputados o diputados nacionales. Es decir, unas negociaciones que afectan de lleno la legislación europea no están bajo ningún control democrático. Eso sin contar escándalos como que se encontraran micrófonos ocultos en las salas de reunión que el gobierno estadounidense había preparado para el equipo negociador europeo.

De cómo el TTIP puede aumentar el riesgo de fracking en la UE from SourcedTV on Vimeo.

De cara al futuro, la vigencia del TTIP podría limitar la potestad de cargos electos (diputados, eurodiputados…) de legislar, ya que nuevas medidas podrían ser consideradas como “barreras” contra ese libre comercio que se pretende establecer.  Por si fuera poco, para hacer efectivos los principios del Tratado, las empresas tendrán la posibilidad de denunciar a gobiernos europeos ante tribunales privados si consideran que éstos vulneran su derecho al libre comercio.

Más información

El Grupo Verdes/Ale en el Parlamento Europeo, brillante como casi siempre, ha habilitado una web específica para mantener a la ciudadanía al día con las últimas informaciones sobre el TTIP:

"Cuidado con lo que esconde". Web del grupo Verdes/ALE sobre el TTIP.

“Cuidado con lo que esconde”. Web del grupo Verdes/ALE sobre el TTIP.

 

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(CC) Joan Groizard Payeras